Bajo la máscara de un guerrero

Fuerza Guerrera no necesitó más que una televisión para descubrir todo un universo de fantasía y magia del que ahora forma parte y del que no descansa día a día. Se trata de un largo camino lleno de muchas  victorias, pero también lágrimas y decepciones.

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Fuerza Guerrera no necesitó más que una televisión para descubrir todo un universo de fantasía y magia del que ahora forma parte y del que no descansa día a día. Se trata de un largo camino lleno de muchas  victorias, pero también lágrimas y decepciones.

El mismo ‘Mosco de la Merced’ califica su carrera como algo exitoso, dice que ya dejó un legado en la historia de la lucha libre y con ello cumple su misión como ser humano también: dejar huella en este mundo.

El gladiador recuerda que todo empezó en la infancia, cuando veía las luchas a través de la televisión, y aunque no tenía una propia, aprovechaba que una familia cobraba diez centavos por dejar ver la suya. Ahí se enfrentó por primera vez a los luchadores: mirándolos, apoyándolos, emocionándose.

Con el tiempo pudo ahorrar un poco de dinero y no sólo ver las transmisiones por la pantalla, sino acudir personalmente a la Arena Coliseo o a la Arena México y comenzar a forjar lo que el destino le tenía preparado.

Su iniciativa y pasión lo condujeron hasta los gimnasios, pero fue el entrenamiento de tres o cuatro veces al día lo que hizo que se fijaran en él. Entonces llegó a su vida Dick Angelo: su primer maestro, de quien dice “me llevó de la mano y me enseñó realmente; y me abrió las puertas del gimnasio”, pues en la época no era sencillo entrar a uno y prepararse como luchador.

Con este antecedente le bastó un año para convertirse en luchador profesional. Además recuerda, fue parte de una camada apoyada por la revista Box y Lucha, impulsora de personajes como MS1, Masacre o Darth Vader, por ejemplo, mientras él nacía como Star Wars, nombre no funcional para un luchador de inicio, pues no podía registrarse con un nombre en inglés.

Entonces aparece el apoyo de Ricardo Morales, quien le permite patentar Fuerza Guerrera, cuyo nombre viene a partir de la idea de que “el ser humano es un guerrero que traes adentro, que te hace pararte diario y enfrentarte con el mundo”, en definitiva, el espíritu guerrero que lo caracteriza.

Posteriormente recuerda el nombre de Paco Alonso, quien lo llevó por primera vez a la “México” junto al Negro Casas y otros pesos ligeros que nunca habían luchado en ese ring.
Ahí comienza realmente la cadena de vivencias para Fuerza Guerrera, que eslabón por eslabón han formado victorias, fuerza, coraje, pasión, así como enemistades y decepciones.

En las arenas, el público puede ver a un hombre de aspecto temible, fuerte, que se sube al ring con un aura de rudeza y vocabulario agresivo, vigoroso en sus decisiones y que puede hacer temblar a sus competidores: todo un fenómeno en las cuerdas, pero realmente ese personaje es muy diferente bajo la lona; acá es amable, atento y generoso, pues dice, siempre trata de ayudar a quienes puede.

Fuerza Guerrera es una persona arriba y otra abajo del ring, pero esos dos seres tienen algo en común y es la humildad, reflejada en sus propias palabras: “he podido llegar hasta donde la gente me ha puesto, porque muchas veces creemos que nosotros somos los que merecemos todo; somos un granito de arena y sin el apoyo de la gente que nos rodea: promotores, maestros, público, familia… En realidad el esfuerzo que uno hace es mínimo, comparado con el que hace la gente”.

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