No existe la derrota

Desde el interior de un cañón salió expulsado. Con la valentía, el respeto y la humildad que exige este deporte brindó grandes batallas. La caía de su incógnita no significó la estocada final, sí un accidente.

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“La verdad, los hombres también lloran y lloré arriba del ring de la Arena México”. Aquel helado y frio diciembre de 1968 marcó el final. La derrota se asomaba a su historia por primera vez. Las lágrimas rodaron por su rostro. El amor a su máscara era tan grande como ningún otro; sin embargo, el esfuerzo y dejar el alma en el cuadrilátero no fue suficiente, aquel día calló la tapa de un grande.

En aquella lucha de apuestas, el Hombre Bala echó para adelante, sacó toda su experiencia en el ring, tenía deseos de ganar, pero desgraciadamente aquel joven con el que se enfrentó, también tenía hambre y muchas ganas de sobresalir.  El contrincante era más joven y traía la escuela del Diablo Velasco. No obstante, en encuentros de esa magnitud no se debe poner pretextos, esa noche, donde la Catedral de la Lucha Libre se desbordaba, Atlantis, fue mejor que él.

En aquellos años Hombre Bala luchaba en el bando científico, y hacía pareja con Atlantis. Poco a poco llegaron los cuestionamientos de quién podía ser mejor, Atlantis o el hombre que surcaba los aires y desafiaba la gravedad.

Las diferencias deportivas eran más que evidentes, los dos ya no cabían en el mismo cuadrilátero, así que el hombre que sale impulsado por un cañón se disparó contra el “ídolo de los niños” y lo atacó. La rudeza se apoderó de él, cada encuentro era un calvario para su rival. Fue año y medio de guerra entre estos dos gladiadores, hasta que la lucha por saber quién es quién  llegó.

El final: el fin de 10 años de portar la máscara con orgullo.  “Así es la lucha libre, puedes tener una preparación muy buena, pero siempre habrá alguien mejor que tú. No se sabe el momento, ni con quien.  Una llave bien puesta y te ganan. Lo importante es, siempre, romperte el alma en el ring y reconocer al rival”.

Un final inesperado

La pérdida de la máscara no marcó la muerte para este gladiador, sino una segunda etapa de nuevos bríos. La tercia de los Bucaneros conformada con su hermano Pirata Morgan, significó un nuevo despunte, hasta que Ensenada, Baja California, en un evento junto al Hijo del Santo, Alebrije con Cuije, Psicosis y su hermano, marco el destello final de una brillante carrera.

La luz se apagó, un accidente logró el desenlace de una brillante carrera dentro del cuadrilátero. La tercera cuerda no resistió más y se reventó.  Hombre Bala no pudo componer el camino hacia fuera del ring, calló descompuesto, sentado, se estrelló contra el suelo de cemento. El saldo: el fémur roto y fisura de cadera.

Sin embargo, el esteta del aire siguió cumpliendo con sus funciones pactadas, hasta que luego de tres meses no puedo más y dejó de caminar. El momento del adiós había llegado.

“Ya no podía luchar, me hicieron exámenes médicos, radiografías de todo. El doctor me dijo: “no sé si admirarlo a decirle que es un tonto, así no puede seguir luchando”.  Tuve que internarme, me hicieron una operación, me quitaron un parte de la cadera para hacerme una prótesis. Eso me llevo a retirarme de la lucha hace 3 años”.

Después de la lesión ya nada fue lo mismo. Por siete meses,  su andar fue por medio de una silla de ruedas, el menor movimiento le causa un dolor físico terrible.  Al principio fue difícil aceptar que dejaría de luchar. Los primeros meses sin poder caminar fueron de sufrimiento. Ver la lucha libre por la televisión, ver sus videos y los combates de sus hijos, significaba un gran dolor porque él seguía sin poder hacer nada; sin embargo, con el tiempo aceptó lo que pasaba y le agradeció a Dios que después de un tiempo logró caminar.

La terapia y el gimnasio fueron dos claves para seguir adelante. Ahora se ayuda con un bastón una muleta, pero eso no es motivo de vergüenza.   Algunas personas dicen: “mira, ese fue luchador y ve como quedó”. Para el precursor de los vuelos y lances, las lesiones que lleva en su cuerpo, así como ayudarse con una muleta para caminar, es un orgullo.

La inspiración

El hombre que tiene más de 40 años como luchador, compartió lona con grandes leyendas del pancracio como Mil Máscaras, Rene Guajardo, Dr. Wagner y El Santo. Este último fue la inspiración para aquel joven que debutara en 1970.

Todo comenzó cuando Hombre Bala Tenía 13 años. Su padre lo llevó a una función: El Santo y Black Shadow vs Charles Bronson  y la Sombra Negra. Aquella primera vez fue magnífica, la magia comenzó y una sensación electrizante invadió su cuerpo. EL había escuchado el mito del Santo por las revistas y películas, pero aquel momento que lo vio, supo que su destino era ser luchador.

El amor por este deporte comenzó. Cinco kilómetros recorría  hasta llegar al cine para ver las películas del Santo. De las cuatro de la tarde a las 11 de la noche, veía doble función.

Y quien podría imaginarse que ese niño que encontró en el enmascarado de plata la motivación de pertenecer al deporte de las llaves y las contrallaves, tiempo después lucharía al lado de él alrededor de 15 veces.

Un lugar entre las leyendas

“Para mí la lucha libre es, fue y será parte de mi vida. Fue la lucha libe la función que yo ejercí hace 40 años”.  Hombre Bala que inició como Chamaco Ortiz y que terminó su carrera con el personaje de Monster con Chucky, está agradecido con todo lo que le brindó la lucha libre.

Hombre Bala, que ahora da clases en Kinkreto Gym, si no fue el mejor, tampoco fue el peor, ya que en los encordados dejó huella, el mundo luchístico sabe de su legado, sabe quién es.  

“Si hubiera muerto arriba del ring, hubiera muerto con gusto. La lucha me dio todo, estoy agradecido con ella”.

 

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